Tras los pasos de Henri Matisse por Nice y Vence.

Las ruinas romanas reclaman mi atención mientras paseo por Cimiez; luego los floridos jardines del monasterio franciscano con sus espléndidas vistas de la ciudad de Nice; los olivos centenarios; al fondo, el bello e imponente Regina, donde Henri Matisse tenía dos departamentos… Así es fácil comprender –pienso– porqué apodaron a la ciudad Nissa la Bella (en nizardo).

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Pronto llego al Musée Matisse, a simple vista un sencillo edificio anaranjado de estilo genovés, que contrasta profundamente con el cielo azul. Pero no paran ahí los contrastes: por detrás, muy discreta y armónica bajo el nivel del suelo –aún así inundada de luz–, descubro su ala moderna.

Puertas adentro, me sumerjo en el peculiar universo Matisse. Además de los muchos trabajos que realizó durante los largos años que vivió en la Côte d’Azur, están sus objetos personales favoritos, sus dibujos, las maquetas y estudios preliminares de la Chapelle du Rosaire, sus esculturas y los célebres papeles que recortaba cuando la enfermedad lo mantenía en cama. Las diferentes salas me llevan de los colores radiantes, a los patrones complejos, a la doble dimensión perfecta, a las líneas puras que lo dicen todo con poco.

Matisse llegó a Nice en 1917 para curarse una bronquitis. Los primeros días nublados no le permitieron conocer la espléndida luz de la ciudad… Pero cuando estaba decidido a marcharse, un viento providencial despejó el cielo y se hizo la magia.

“Cuando me di cuenta que podría ver esa luz cada mañana, no podía creer mi felicidad”.

Un año más tarde el genial pintor francés regresó a Nice para quedarse el resto de su vida.

Esa misma luz que prevalece la mayor parte del año en Nice, me inspiró para caminar por la ciudad. Caterina, mi guía, me señaló aquí y allá hitos relacionados con Matisse: el cementerio de Cimiez donde yacen sus restos; la casa de la Place Charles-Félix; la magnífica vista del puerto (que tanto inspiró al pintor), desde la colina del castillo; las playas, y la Galerie des Ponchettes, donde expuso.

La síntesis del arte

Las inconveniencias de la Segunda Guerra Mundial llevaron a Matisse a mudarse a Vence durante cinco años (de 1943 a 1949), y alojarse en la Villa Le Rève, que hoy –luego de ser adquirida por la ciudad– funciona como residencia temporal para artistas y se puede visitar.

Enfermo y muchas veces postrado, Matisse necesitaba la asistencia permanente de una enfermera. Fue así como en Vence conoció a Monique Bourgeois, cuya vocación la llevó a convertirse en hermana Jacques-Marie, de la orden de los Dominicos. Aunque el artista no profesaba ninguna religión (sólo decía creer en “lo divino”), la profunda gratitud hacia su amiga lo llevó a emprender el proyecto de decorar una capilla para su orden. Algo que derivó en una obra cabal: el artista creó los vitrales, los muebles, el altar, los candelabros, los murales y hasta las vestimentas de los religiosos que oficiarían misa en la Chapelle du Rosaire, una obra que lo ocupó casi con exclusividad los últimos cuatro años de su vida.

Allí llevó al extremo su búsqueda de la síntesis, de las líneas más puras y expresivas. Se trata de un lugar que, más allá de las convicciones, se visita con la sensibilidad a flor de piel y conmueve inevitablemente. El mismo Matisse señaló cuando la capilla fue inaugurada y consagrada: “Pese a todas sus imperfecciones, considero que es mi obra maestra”.

La capilla funciona también como síntesis perfecta para un viaje por la Côte d’Azur, donde el espíritu del arte trasciende el tiempo y las creencias. Y donde la luz es una musa inspiradora que a nadie deja indiferente.

 

Museo de Arte Moderno y Contemporáneo

Para ahondar más en el arte de Nice, es imprescindible darse una 
vuelta por este museo ubicado junto a la Plaza Garibaldi, cuyo 
sorprendente edificio está coronado por una terraza con magníficas 
vistas de 360º de la ciudad. Allí se pueden ver obras de arte pop 
(incluido Andy Warhol), conocer a los integrantes de la Escuela 
de Niza y, en particular, a Niki de Saint Phalle e Yves Klein.

 

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Escrito por:Jes Garbarino

Periodista y viajera. Armo la maleta (antes era mochila) cada vez que tengo oportunidad, desde hace más de 20 años.

6 respuestas a “Matisse en la CÔTE D’AZUR: Pura expresión

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