Buena parte de su vida la pasó Friedrich Nietzsche viajando entre Alemania, Italia y Suiza, en pos de cambios de clima que aliviaran los dolores que le causaba su deteriorada salud física y psíquica.

Pero cierta vez, decidió atender las recomendaciones de su amigo, el compositor Richard Wagner. “¡Por Dios! ¡Cásese con una mujer rica!”, le había aconsejado. Nietzsche se propuso entonces conseguir una esposa, como método para solucionar el problema de su existencia nómada y, de paso, procurarse los cuidados femeninos que tanta falta le hacían.

En la primavera de 1876, el genial filósofo de 31 años de edad se tomó unas vacaciones junto al lago de Ginebra. Viajó con su amigo Carl von Gersdorff, con quien compartió la lectura de la novela romántica Los Novios, del milanés Alessandro Manzoni.

Inspirado, por esos días Nietzsche conoció a una joven holandesa llamada Mathilde Trampedach y, poco después, tras una caminata de cuatro horas, creyó reconocer en ella a la mujer de su vida. Había quedado prendado cuando se enteró que la muchacha, al leer el poema “Excelsior”, de Henry Longfellow, se había identificado con varios conceptos desarrollados en esa obra.

Erwin Rohde, Karl von Gersdorff y Friedrich Nietzsche.
Erwin Rohde, Karl von Gersdorff y Friedrich Nietzsche.

Pero sus inhibiciones no le permitieron a Nietzsche pedirle que se casara con él sino por escrito y precisamente un día antes de partir hacia Alemania. El filósofo, que se había animado a espetarle al mundo su famoso “Dios ha muerto”, no tenía el valor para hablar personalmente sobre sus sentimientos.

Además, al mismo tiempo que le confesaba su amor a Mathilde, le aclaraba que al día siguiente, “en el expreso de las 11”, emprendía el regreso a Basilea. “No puedo retrasarlo”, se excusaba, huidizo. Luego, agregaba que, si su contestación fuera afirmativa, tuviera a bien enviarle los datos de la potencial suegra para pedirle la mano de la hija, también por escrito. La carta pretendía ser amable, pero en el fondo resultaba torpe y algo descortés para las costumbres de la época.

“¿Se atreverá usted a partir conmigo para ser más libre, mejor y más sincera? ¿Se atreverá a correr conmigo los caminos de la vida y del pensamiento?”, inquirió Nietzsche a Mathilde, reclamándole un coraje que a él le faltaba.

El “afecto repentino” que sentía por ella, bien podía merecer una respuesta veloz, habrá considerado el filósofo de ideas radicales, aunque extremadamente tímido con las mujeres. De modo que le propuso a la muchacha que, si se decidía con rapidez, tras meditarlo no más que una noche, podría contestarle “por carta”, al Hotel Garni de la Poste, hasta las 10 de la mañana del día siguiente. Pero, en realidad, el apuro por zafarse pronto del atolladero emocional que le provocaba tener que enfrentar esa situación, tan incómoda para él, lo había llevado a manejarse con escaso tacto.

De nada sirvió, pues, que le rogara a Mathilde, en la misiva, que hiciera “acopio de todo el valor de su corazón”. No tuvo suerte. Las vacaciones finalizaron abruptamente y el filósofo se tomó su tren solo, tal vez frustrado, tal vez aliviado.

Seis años después, Nietzsche lo intentaba nuevamente con su discípula rusa Lou Andreas Salomé. Tampoco se animó a declararse personalmente, mandó a un amigo, y la respuesta fue otra vez negativa. “El matrimonio me parece muy deseable, pero, en mi caso, bien lo sé, es altamente improbable”, llegó a reconocer, resignado.

 

Ficha Personal
  • Nombre completo: Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900).
  • Nació Röcken, Prusia, donde su padre era pastor protestante.
  • Estudió teología y filología clásica.
  • Filósofo. Autor de los libros El origen de la tragedia, Ecce Homo, El crepúsculo de los dioses, Humano, demasiado humano, La gaya ciencia y Así habló Zaratustra, entre otros.
  • Se lo recuerda por haber anunciado “Dios ha muerto” y la llegada del “superhombre”.
  • En 1889, perdió definitivamente la razón y su hermana Elisabeth lo cuidó los últimos años de su vida.

 

Fuente: Nietzsche, de Ivo Frenzel, Grandes Biografías, Salvat, 1995.

Escrito por:Jes Garbarino

Periodista y viajera. Armo la maleta (antes era mochila) cada vez que tengo oportunidad, desde hace más de 20 años.

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