No fue fácil para Isadora Duncan abrirse camino con su revolucionaria danza. Por lo general, escaseaban los recursos y, en más de una ocasión, le hizo falta abusar de su ingenio para sobrevivir. Tampoco la ayudaba su inclinación al despilfarro e, incluso una vez consagrada, la bailarina solía pasar por períodos de serios apuros económicos.

Pero aún no le llegaba la gran fama a Isadora cuando decidió dejar Nueva York y viajar a Europa, con su madre y dos de sus tres hermanos, para probar suerte. El proyecto los entusiasmó, aunque debían tomar en cuenta un detalle importante: no tenían el dinero para los pasajes. Los Duncan vivían al día. El producto de las lecciones de danza y los eventuales pagos por bailar en casa de alguna señora rica no eran suficientes.

isadoraIsadora, que no se rendía fácilmente, emprendió la recolección de fondos visitando a las esposas de los millonarios en cuyas casas había bailado, asegurándoles que el éxito la aguardaba en la otra orilla del Atlántico y que necesitaba ayuda. A pesar de su convencimiento, las damas se vieron bastante mezquinas (ninguna soltó más de 50 dólares) y la bailarina tuvo que soportar un rosario de recomendaciones, prometer devolver el dinero si obtenía fama y otras humillaciones.

Así y todo, la suma reunida no alcanzaba para pagar cuatro pasajes en segunda clase en un vapor de línea. De modo que los Duncan fueron a recorrer el puerto neoyorquino para ver qué conseguían. Por fin se embarcaron en un transatlántico que transportaba ganado en pie a Europa. Isadora afirmó luego que la convivencia con los animales hizo que su hermano Raymond se volviera vegetariano por el resto de su vida. Sin embargo, la familia soportó bien las dos semanas de navegación hasta Hull, Inglaterra, alimentándose con “té y carne salada que sabía a paja”. Un tren los transportó más tarde a Londres, donde arribaron una mañana de mayo de 1899.

Los primeros días, los Duncan consiguieron un alojamiento céntrico y se dedicaron a recorrer Londres haciéndose pasar por turistas que tenían un padre en ultramar que les enviaría dinero.

Claro que la fábula duró poco tiempo, y pronto la casera los urgió a pagar la cuenta. Como en sus bolsillos cargaban apenas seis chelines, que distaban de ser una gran suma incluso en aquella época, la mujer los dejó en la calle secuestrando, como prenda por el alquiler adeudado, el equipaje de la familia.

Duncan

Cuatro días pasaron los Duncan en la calle, mientras Isadora buscaba reavivar los contactos que había hecho en una anterior estadía en Londres con la compañía de teatro de Agustín Daly. Como las presentaciones tardaban en concretarse, a la bailarina se le ocurrió la idea salvadora: se dirigió a un hotel de lujo y le dijo al portero nocturno que acababan de llegar de Nueva York y que su equipaje venía en camino. El método funcionó durante un tiempo, ya que Isadora tenía el cuidado de bajar diario a la recepción para preguntar por sus pertenencias y quejarse amargamente de la ineficiencia de la gente. Por fin, cuando tuvieron la oportunidad, se marcharon sin llamar la atención, ya que no había valijas delatoras.

De aquella experiencia Isadora sacó una provechosa “moraleja”, que luego compartió –orgullosa– con quien necesitara su consejo: cada vez que se encontraba en aprietos monetarios en una ciudad extranjera, recurría al mejor hotel del lugar y disfrutaba su lujo a crédito.

 

Ficha Personal
  • Angela Isadora Duncan (1877-1927).
  • Nació en San Francisco, Estados Unidos. Pero vivió permanentemente en giras por todo el mundo.
  • Se la recuerda como la creadora de la danza moderna, a la que llamó “la danza del futuro”. Detestaba el ballet por “antinatural”.
  • Dirigió varias escuelas de danza, donde se enseñaba a las jóvenes estudiantes su filosofía.

 

Fuente: Isadora Duncan – Bailar el movimiento del Universo, de Jochen Schmidt, Javier Vergara Editor, 2001.

Escrito por:Jes Garbarino

Periodista y viajera. Armo la maleta (antes era mochila) cada vez que tengo oportunidad, desde hace más de 20 años.

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