Aunque Frida Kahlo jugaba aún el rol de artista amateur que se entretenía pintando pequeños cuadros a la sombra de su descomunal marido, el famoso muralista Diego Rivera, a sus 30 años estaba a punto de comenzar a destacarse por sí misma.

Diego, su principal adulador, la convenció entonces de participar en una exposición grupal organizada a principios de 1938 en la Galería de Arte de la Universidad en la Ciudad de México, donde Frida llamó la atención por su singular estilo.

Frida llegando a NY 1938

Bastaron los cuatro cuadros que Frida presentó en la muestra para impactar a Julien Levy, dueño de una pequeña y elegante galería dedicada al surrealismo, en el número 15 de la calle 57 Este, en Manhattan. Levy no vaciló en invitar a la artista mexicana a exponer en Nueva York.

De modo que, tras una calurosa fiesta de despedida, en octubre de ese año Frida partió sin Diego hacia el norte, animada por el nuevo giro que estaba dando su carrera. La muestra, que duró dos semanas, significó su consagración como artista y le dio oportunidad de vender prácticamente todos los cuadros expuestos. Edgar Kaufmann, adinerado industrial norteamericano, cliente y amigo de Levy, resultó ser uno de los compradores.

Kaufmann se interesó en “Recuerdo de la herida abierta” y al tiempo que pagaba la obra, invitó a Frida y Levy para que lo visitaran en la original casa de fin de semana, llamada Fallingwater (Casa de la Cascada), que acababa de construirle el genial arquitecto Frank Lloyd Wright.

Casa de la cascada

Así pues, una vez finalizada la exposición en Manhattan, Frida y Levy partieron en tren hacia Bear Run, Pensilvania. Claro que a esa altura Levy estaba interesado en la mujer de personalidad arrolladora que era Frida, tanto o más que en su obra. Ella, por su parte, disfrutaba la oportunidad de sentirse libre del celosísimo pistolero, además de incorregible mujeriego, que era Diego. Segura de sí misma, se dedicó a poner a prueba sus habilidades para la seducción y gozaba al ver el efecto que sus coqueteos producían en los hombres.

Frida en NY foto de Julien Levy entera

El viaje en tren, por lo tanto, fue la ocasión de un gradual e inevitable aumento de la tensión erótica entre Frida y Julien. Sin embargo, al llegar a la Casa de la Cascada, Frida no se limitó a seducir a Levy y extendió sus flirteos al anfitrión, ya de edad, y a su hijo.

De modo que esa noche la velada se extendió más de la cuenta, ya que tanto Kaufmann como Levy esperaban que el otro se retirara a descansar primero, para tener un momento a solas con Frida. Por fin fue ella quien tomó la iniciativa de subir a su cuarto y así dejó de tener sentido para los hombres alargar la plática. Levy, ya en su habitación, calculó el tiempo que tardaría el resto en dormirse y volvió a salir en busca de Frida.

Pero el arquitecto Wright no se imaginó nunca que las complicadas escaleras de su obra maestra –hoy designada Monumento Histórico Nacional y visitada por miles de turistas al año–, serían escenario del enredo de aquella noche.

Cuando Julien empezó a ascender por las escaleras, notó que Kaufmann hacía lo mismo por el otro lado. Ambos bajaron con sigilo para intentarlo nuevamente minutos después. La confrontación se repitió varias veces, hasta que Levy desistió y se marchó a su cuarto, donde se encontró a Frida ¡esperándolo!

 

Ficha Personal
  • Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón (1907-1954).
  • Nació en la Casa Azul de Coyoacán, Ciudad de México.
  • Contrajo matrimonio, en dos oportunidades, con el muralista mexicano Diego Rivera.
  • Pintora. Su obra se caracteriza por la recurrencia en los autorretratos, que suelen tratar sobre los tormentos físicos que padecía a causa de su deteriorada salud o sus devaneos psicológicos.
  • Además de su arte, su personalidad transgresora, los vestidos de tehuana que usaba, su ideología, el amor que le profesaba a Rivera, el accidente de tránsito que casi la mata, sus amantes, los abortos y otras tragedias, la convirtieron en un personaje fascinante, más allá de las fronteras mexicanas.

 

Fuente: Frida: Una biografía de Frida Kahlo, de Hayden Herrera, editorial Diana, 2002.

Escrito por:Jes Garbarino

Periodista y viajera. Armo la maleta (antes era mochila) cada vez que tengo oportunidad, desde hace más de 20 años.

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