Ron añejo Havana Club Selección de Maestros, un habano Partagás Serie P Nº2 y café Cubita, mientras de fondo, unos músicos desgranan suavemente notas de la trova. Los cubanos lo llaman “el triángulo del placer” y son los ingredientes perfectos para extender la sobremesa hasta el amanecer.

“Cuando bebes, no manejas. Quizá por eso los carros nos duran tanto”. Descubro el cartel promocional de Havana Club en una de las paredes de la Ronera San José y me sonrío pensando que todos los chistes esconden alguna verdad. En las calles de La Habana, los almendrones –como apodaron los cubanos a los autos de los años cuarenta que aún circulan– hacen verosímil la sentencia con su estruendoso despliegue de anacronismo. Y más tarde, los maestros roneros lo aclaran definitivamente con un sintético: “El ron es parte fundamental de nuestra cultura”.

Y es precisamente el ron lo que me lleva a viajar a La Habana y descubrir que en la isla sí saben cómo hacer de la sobremesa una obra de arte. La cita es en el paladar Le Chansonnier y entre los convidados están cinco de los siete maestros roneros del país, además de varios aspirantes, todos con la vida completa dedicada al estudio de esta bebida, a la educación de sus sentidos para percibirla en todas sus cualidades. ¿El motivo de este encuentro que sólo se da muy de vez en cuando?: la presentación de Havana Club Selección, un ron de autor que requirió el consenso de los siete maestros roneros de Cuba, –dirigidos por el primer maestro, don Juan Navarro–, además de nuevas técnicas para lograr trasvasar la fina selección de añejos de la barrica a la botella sin escalas y hacer que sus 45 grados de alcohol resultaran agradables en nariz y boca. Me enseñan a saborearlo, a descubrir los matices de su aroma, a apreciar su color… También está invitado a la cena el sommelier Fernando Fernández, que propone un maridaje con habanos Partagás. De fondo, la música en vivo: una guitarra, percusión sobre una caja de madera y una voz soberbia de mujer. El café Cubita casi espeso, sin azúcar, con su toque amargo, completa el círculo. Y la conversación no puede más que resultar interesantísima.

Con la inspiración de esa sobremesa perfecta, al día siguiente salgo a experimentar la cultura del ron por La Habana.

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Museo del Ron

Antes que nada, un poco de historia. Y para ello nada mejor que recorrer las salas de este museo que muestra cómo se elaboraba el ron en las antiguas destilerías, el cortado y transporte de la caña de azúcar, la fermentación, la elaboración y conservación de los toneles, el papel vital de los maestros roneros…

Museo del Ron: Avenida del Puerto 262, Habana Vieja.

Al terminar la visita, hay que pasar por el Havana Club Bar y pedirle al cantinero (allí lo son a la vieja usanza), una cata vertical de varios rones, para que la experiencia sea redonda y reveladora.

La Giraldilla

La historia de amor de Isabel de Bobadilla inspiró al escultor habanero Jerónimo Martín Pinzón, hace unos 380 años, para darle forma a la estatuilla-veleta que se convirtió en símbolo de la ciudad y que baila la danza del viento sobre uno de los baluartes del Castillo de la Real Fuerza.

La Giraldilla: Plaza de Armas, entre O’Reilly y Avenida del Puerto, La Habana.

La femenina silueta de la giralda es también parte del logo de Havana Club, por lo que se puede ver una reproducción en el Museo del Ron.

Floridita

Es de rigor ir a beber un daiquirí en el Floridita y tomarse una foto con el Ernest Hemingway de bronce que, acodado sobre la barra, sonríe a las cámaras de los turistas de todo el mundo.

Floridita: Obispo 557, Habana Vieja.

Los puristas deberán probar el “daiquiri a lo papa” que creó allí el escritor con el cantinero don Constante.

La Bodeguita del Medio

Las paredes repletas de firmas de este lugar esconden un sabio consejo en verso de Hemingway: “My mojito in La Bodeguita, My daiquiri in El Floridita”.

La Bodeguita del Medio: Empedrado 307, Habana Vieja.

Hotel Nacional

Pedir un ron añejo 15 años en el bar del elegante Hotel Nacional y beberlo lentamente es la excusa perfecta para descubrir en sus paredes la extensa historia y los muchos personajes que han desfilado por allí.

Hotel Nacional: Calle 21 y O, Vedado, Plaza, La Habana.

Sloppy Joe’s

En su novela Nuestro hombre en La Habana, Graham Greene dice: “Ningún habanero iba al Sloppy Joe’s porque era un lugar para turistas”.

Sloppy Joe’s: Zulueta 252, Habana Vieja.

Una ruta del ron por la ciudad no estará completa si no se visita este bar que tiene una larga historia, todas sus paredes cubiertas con vitrinas repletas de botellas de ron y que fue reinaugurado hace poco, luego de casi 50 años de abandono. Aquí lo típico es acompañar el trago con uno de sus famosos sándwiches.

Escrito por:Jes Garbarino

Periodista y viajera. Armo la maleta (antes era mochila) cada vez que tengo oportunidad, desde hace más de 20 años.

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