Estratégicamente situada en la confluencia de los ríos Mekong, Tonle Sap y Bassac, la capital de Camboya toca las emociones del viajero con justas dosis de exotismo, tragedia, espiritualidad, caos –que zumba en sus calles repletas de tuk-tuks y motos–, gloria arquitectónica y coloridos mercados.

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1. Preah Barom Reachea Vaeng Chaktomuk (Palacio Real)

De espectaculares perfiles dorados, con los característicos techos de la arquitectura jemer, es una de las visitas obligadas cuando estás en la ciudad. Algunas partes de este gran complejo –que incluye la Pagoda de Plata– rodeado de bellos jardines, las ocupan los actuales reyes camboyanos, de modo que no están abiertos al público. Sin embargo, una curiosidad respecto a la realeza jemer es que se trata de personas que viven con relativa sencillez, sin grandes lujos.

2. Wat Preah Keo (Pagoda de Plata)

Ubicada en el mismo predio de que Palacio Real, esta magnífica pagoda recibe su nombre de sus pisos cubiertos con cinco toneladas de plata. Pero ahí no acaba la exquisita extravagancia de la pagoda, que aloja al Buda Esmeralda, de 90 kilos de oro sólido, adornado con 2086 diamantes (el más grande de 25 quilates), escoltado por un buda de plata y otro de bronce, además de un recipiente que contiene una reliquia de Buda. Así, todo el lugar está repleto de interesantes tesoros.

3. Museo Nacional de Camboya

Su inconfundible silueta roja con los típicos tejados jemer, contrasta a la perfección con el verde intenso del su jardín central. Más allá de las piezas que resguarda este museo, el solo edificio es una joya que vale la pena apreciar. Pero el contenedor es tan digno como su contenido: una impresionante colección de arte antiguo jemer, que constituye un perfecto complemento para una visita a las ruinas de Agkor.

4. Museo del Genocidio de Tuol Sleng (S21)

Uno de los capítulos más tristes de la historia de Camboya tiene su cara palpable en este museo, que fue cárcel y centro de tortura del régimen los jemeres rojos (Pol Pot). Entre 1975 y 1978, allí mantuvieron detenidas a más de 17,000 personas, de las cuales sólo siete sobrevivieron para contar los horrores vividos en ese lugar de visita imprescindible para conocer la historia reciente del país. El recorrido se complementa con una visita a Cheoung Ek, donde estaban los campos de exterminio donde los jemeres rojos llevaban a sus víctimas para matarlas.

5. Psar Thmei (Nuevo Mercado Central)

Este mercado cubierto, con una gran cúpula central y cuatro brazos en forma de cruz, fue construido por arquitectos franceses en la década de los treinta en estilo art decó. Allí puedes encontrar de todo, desde joyas y antigüedades, a ingredientes frescos, flores, ropa o artesanías.

6. Mercado Toul Tom Poung (más conocido como Mercado de los Rusos)

Si eres fan de los mercados y no tuviste suficiente con el Mercado Central, puedes dirigirte al más antiguo mercado, que ganó su apodo por estar ubicado en un barrio donde vivían muchos rusos. Allí encontrarás antigüedades, comida y artesanías a muy bajos precios.

7. Templo Phnom (Wat Phnom o Templo de la Colina)

Una leyenda marca el origen de este lugar fundacional de la ciudad, que se ubica en una colina de 27 metros de alto que mandó levantar, allá por el año 1372, una monja de nombre Penh, quien encontró en un árbol que flotaba en el río cinco estatuas de buda.

8. Río Mekong, islas de la seda

Varios operadores turísticos ofrecen paseos por el Mekong, ya sea para ver sus espectaculares atardeceres abordo de un barco de madera o para conocer un poco el ambiente rural camboyano. Un paseo interesante es el que te conduce a Koh Dach o Koh Oknha Tei, también conocidas como islas de la seda, ya que así se encuentran varias granjas donde puedes ver todo el proceso desde el gusano a la elaboración de las famosas bufandas multipropósito camboyanas llamadas kroma. Si tienes oportunidad de visitar la comunidad de Koh Oknha Tei, acércate a la escuela, donde probablemente escuches a los niños entontar canciones locales y al colorido (y algo kitsch) templo.

Posted by:Jes Garbarino

Periodista y viajera. Armo la maleta (antes era mochila) cada vez que tengo oportunidad, desde hace más de 20 años.

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