“Quiero ir a América”, repitió varias veces Salvador Dalí a su esposa Gala. Algo le hacía sospechar que allí alcanzarían la fortuna que anhelaban. Pero los cuadros del pintor aún no se cotizaban tan alto y todavía les llevaría un largo tiempo reunir el dinero para cruzar el Atlántico.

Por fin la oportunidad llegó a fines de 1934: la galería de Julien Levy presentaría una exposición personal del pintor en noviembre y la pareja se las arregló para conseguir el monto para el boleto de barco y la estadía en Nueva York. Así, viajaron en tren hasta Havre, donde se embarcaron en el Champlain.

Dali y Gala

La expectativa por el probable éxito que le esperaba en Estados Unidos, sin embargo, no aplacó las preocupaciones que la travesía despertaba en el obsesivo Dalí. La ansiedad era grande y el artista temía, en un principio, perder el vapor. “Sólo cuando esté en el barco me voy a sentir tranquilo”, le aseguró a Gala. Pero no. Una vez a bordo, el pánico se apoderó del pintor surrealista. Nunca había estado tan lejos de la costa como para perderla de vista y lo que llamó “el espacio oceánico”, en altamar, lo aterrorizó. Además, los crujidos del barco le resultaban sospechosos.

De modo que siempre era el primero en acudir a los simulacros de naufragio, todo el tiempo llevaba puesto su incómodo chaleco salvavidas y tomaba champagne continuamente, en anticipación a los mareos que nunca tuvo. Por otra parte, Dalí pretendía que Gala mostrara el mismo interés que él por la seguridad, algo que la ofuscaba o la hacía reír hasta las lágrimas.

Con todo, el pintor tuvo la claridad mental para planear su espectacular llegada a Nueva York. Con ayuda de la mecenas Caresse Crosby –quien viajaba en el mismo barco y consideraba perfectamente natural complacer a Dalí en cuanto deseo el artista esbozara–, convenció al panadero de la embarcación para que amasara un pan francés de dos metros de largo. El cocinero cumplió con el excéntrico pedido y envió al camarote de Dalí la hogaza prolijamente envuelta en celofán.

El pintor pensó que el enorme pan iba a ser un objeto intrigante, misterioso, que generaría curiosidad en los periodistas que probablemente subirían abordo para entrevistarlo a su arribo. “Adoro obtener publicidad y si tengo la suficiente suerte como para que los reporteros sepan quién soy, les voy a dar un poco de mi pan para que coman, como San Francisco les dio a sus aves”, provocaba Dalí al resto de los pasajeros, quienes despreciaban a la prensa norteamericana.Dali Arriving in New York

Pues tuvo suerte, los periodistas sabían a la perfección quién era Salvador Dalí y, por supuesto, subieron al barco a fin de obtener el material necesario para sus reportajes. El pintor, como estaba planeado, los recibió con su enorme pan. Sin embargo, ocurrió algo desconcertante: no le hicieron ni una sola pregunta acerca de la hogaza que el artista blandía ostentosamente…

Los reporteros estaban más interesados en saber si era cierto que acababa de pintar un retrato de su esposa con un par de chuletas fritas en los hombros. Dalí contestó afirmativamente, aunque aclaró que no estaban fritas sino crudas. “¿Por qué crudas?”, dispararon de inmediato. “Porque mi esposa está cruda también”, respondió. No conformes, quisieron que les explicara el motivo que lo llevó a pintar a Gala y las chuletas en un mismo cuadro. “Me gusta mi esposa y me gustan las chuletas, y no veo razón alguna por la que no debiera pintarlas juntas”, argumentó, mientras comenzaba a probar el pan que no iba a convidar a sus “aves”.

 

Ficha Personal
  • Salvador Dalí Doménech (1904-1989).
  • Nació en Figueres, Gerona, España. Vivió en las ciudades españolas de Madrid, Cadaqués, Port Lligat y Púbol. También pasó temporadas en París y permaneció en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.
  • Pintor surrealista. Gustaba teorizar sobre su creación: “El método paranoico-crítico”, basado en las ideas freudianas sobre el inconsciente.
  • Excéntrico y extravagante, hizo un culto de su esposa, la rusa Gala Diakonova, que aparece retratada o firmando muchos de sus cuadros. Ambos amaban el dinero al punto que André Bretón realizó un anagrama con las letras del nombre de Dalí, bautizándolo “Avida Dollars”. Así se convirtió en uno de los pocos pintores que lograron hacerse millonarios en vida.
  • Entre sus pinturas más famosas están “La persistencia de la memoria”, “Crucifixión”, “Leda Atómica” y “La Madonna de Port Lligat”.

 

Fuentes: The Secret Life of Salvador Dalí, by Salvador Dalí, Dover Publications Inc., 1993. Gala, de Chantal Vieuille, Salvat Editores, 1995.

Escrito por:Jes Garbarino

Periodista y viajera. Armo la maleta (antes era mochila) cada vez que tengo oportunidad, desde hace más de 20 años.

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