Un divertido (además de delicioso) tour a lo ancho de la antigua ciudad de los cerdos; la aventura urbana más excitante a 356 metros de altura en la CN Tower, y una caminata de una milla a lo largo de Bloor Street con paradas en los hitos de su recién inaugurado corredor cultural, para descubrir una Toronto cúbica, total, siempre novedosa.
ANCHA: Ciudad de los cerdos

Nos proponen un tour de proporciones porcinas, con el sugestivo nombre de When Pigs Fry. El argumento: Toronto, en el origen de su tiempo, era conocida como Hogtown (ciudad de los cerdos) por la gran cantidad de animales que se criaban en sus granjas, y su tocino era tan bueno que tenía la reputación de calificar como uno de los mejores del orbe.

La promesa: descubrir las creaciones gastronómicas locales que tienen al cerdo como protagonista, recorrer establecimientos dedicados a comerciar con este noble animal y, por supuesto, saborear algunas delicias para dar fe de las bondades del producto local. Además, en el camino entre un punto y otro te topas con algunos interesantes hitos urbanos: la casa más antigua de la ciudad, un circuito graffitero, el nuevo barrio trendy… De modo que el tour nos sonó a buena idea para darle un primer vistazo Toronto, combinando historia y sabor.

Nuestro guía, el simpatiquísimo Jason Kucherawy nos citó en el City Hall y ahí mismo nos mostró en una gran maqueta las principales coordenadas, deslizando sus primeros chistes, como para entrar en confianza.

Entonces nos hicimos a la calle. El aire frío de una primavera que no se decidía a imponerse nos abrió el apetito de inmediato, la amena caminata hizo el resto.

Para hacer el tour: Tour Guys / Toronto Urban Adventures, tourguys.ca, torontourbanadventures.com.

Entre una cosa y otra llegamos a The Healthy Butcher, una tienda de productos orgánicos-carnicería que es toda una declaración de principios filosóficos y una Meca para los hipsters torontonianos, dispuestos a pagar altos precios por su comida a cambio de la garantía de que provienen de granjas locales que practican la ética en la crianza de los animales y no utilizan productos químicos. El discurso, claro y contundente, nos tenía casi convencidos… pero hasta que probamos su sublime tocino frito y horneado, fue que comprendimos que los productos allí valen lo que cuestan.

Menos saludable pero igual de sabrosa fue la poutine (papas fritas cubiertas de queso desmenuzado, bañadas con una salsa de carne de cerdo) que nos topamos en el bar Lou Dawg’s. Y como si fuera poco, para terminar desafiando los límites de nuestras cinturas, cenamos las muy sofisticadas salchichas de Wvrst, donde las largas mesas comunales facilitan la socialización y generan un ambiente relajado y festivo.

ALTA: A 356 metros del piso

Aunque hayas hecho cosas arriesgadas en la vida y no le temas a las alturas, la caminata al filo de la CN Tower es una experiencia que no te dejará indiferente. Sabes que las medidas de seguridad son estrictas y que los riesgos fueron neutralizados. Pero igual, de cara a la descomunal panorámica, el viento sobre la piel silenciando la voz, sin nada que se interponga entre tu cuerpo y los 360 metros que te separan del suelo, no hay de otra: las emociones se agolpan en tu pecho. La Edge Walk es una de las más electrizantes aventuras urbanas que puedas experimentar.

La CN Tower, con sus 553 metros de alto, se clava en el cielo de Toronto con una agudeza que se puede observar desde casi cualquier punto de la ciudad y es la cuarta estructura más alta del mundo. Justo sobre el restaurante giratorio, a 356 metros de altura, está la plataforma por la que caminas con las manos libres durante casi media hora, amarrado a un riel mediante dos líneas súper seguras que te permiten inclinarte sobre el precipicio en un ángulo de 45 grados, tanto de frente como de espalda.

Para vivir la experiencia: La Tour CN Tower, 301 Front Street West, edgewalkcntower.ca.

Toda la experiencia toma alrededor de una hora y media, en la que las medidas de seguridad se contemplan a rajatabla y donde verifican que no hayas bebido alcohol, que tus zapatos sean los apropiados (que tengan agujetas, de lo contrario te dan unos) que te coloques un mono rojo y un arnés especial, que nada pueda caerse de arriba (ni el más mínimo arete) puesto que cualquier cosa se transformaría proyectil y que estés listo mentalmente para sobrepasar tus propios límites.

El resto, para qué contarlo, hay que vivirlo y sentir la satisfacción de haber tenido el valor de estar ahí.

LARGA: Una milla de cultura

Aunque Bloor Street es sobre todo conocida por sus glamorosas tiendas de moda, la calle está repleta de hotspots culturales que acaban de reunirse para generar un nuevo corredor turístico por demás interesante. El Bloor Street Culture Corridor se extiende a lo largo de una milla (1,6 kilómetros), entre las Bathurst y Bay Street, con una docena de organizaciones donde puedes hacer una escala para enterarte a fondo de su propuesta cultural.

El paseo puede empezar en el 506 de Bloor Street West, en el Bloor Hot Docs Cinema, un espacio centenario completamente dedicado a la proyección de documentales, donde puedes pasarte horas viendo producciones independientes con una cerveza o una copa de vino canadiense en la mano.

Más información:  bloorstculturecorridor.com.

La siguiente parada será en la Tafelmusik Baroque Orchestra and Chamber Choi, para los amantes de la música clásica y barroca, quienes pueden también dar unos pasos más para dar con The Toronto Consort, un ensamble que suele ofrecer performances de música medieval, renacentista y barroca, con una cuidada y moderna puesta en escena.

Un pequeño desvío por Spadina Road te lleva a las puertas de la Alliance Française, con su galería de arte, su biblioteca francófona y sus muchos eventos culturales; además del The Native Canadian Centre, que ofrece actividades relacionadas con las tradiciones y enseñanzas de los pueblos originales canadienses. De regreso en Bloor Street el Miles Nadal Jewish Community Centre es un dinámico centro cultural donde se pueden ver películas, escuchar conciertos y tomar clases de cerámica hebrea, entre otras actividades. Sobre Huron Street está el Istituto Italiano di Cultura y en la esquina de Saint George Street el Bata Shoe Museum, donde resulta interesantísimo curiosear su extensa colección de zapatos de todos los tiempos.

The Royal Conservatory se ubica a unos pasos del Royal Ontario Museum, cuyo afilado perfil es un ícono de Toronto y resulta otra de las escalas a las que hay que dedicarles su tiempo en este corredor cultural.

Por último, adentrándose un poco por Queens Park está The Gardiner Museum, dedicado a la alfarería, y cierra el largo corredor el centro cultural The Japan Foundation.

…y profunda: Ripley’s Aquarium

El acuario, ubicado justo a un lado de la CN Tower, es la nueva atracción de Toronto y –luego de ascender a una de las cimas del mundo en la vecina torre– te lleva a explorar las profundidades marinas. Cuenta con un túnel que exhibe alrededor de 400 especies norteamericanas, una sala dedicada a las medusas y un impresionante estanque de tiburones, entre otras interesantes actividades para adultos y niños.

Escrito por:Jes Garbarino

Periodista y viajera. Armo la maleta (antes era mochila) cada vez que tengo oportunidad, desde hace más de 20 años.

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