El escritor Friedrich Rochlitz, quien conoció a Ludwig van Beethoven allá por 1822 lo describió como un hombre brillante que daba la impresión de “haber sido criado en una isla desierta y llevado de golpe a la civilización”. De hecho, el compositor solía escupir por la ventana o directamente en el espejo de su casa. Sus maneras en público eran algo primitivas y la gente rehuía de su mesa en los restaurantes. Desprolijo y distraído, muchas veces daba la sensación de andar perdido.

Por esa época Beethoven viajaba cada verano a Baden, un encantador balneario en las afueras de Viena, rodeado de bosques y famoso entre los turistas por sus castillos. Pero el aire fresco de campo no parecía cambiar sus modos ni volverlo menos despistado.

Fue allí donde un día se levantó temprano para dar un paseo y, sin advertirlo, estuvo andando hasta el anochecer. Entonces notó que se había extraviado y que llevaba todo el día sin comer nada.

Beethoven comenzó a atisbar por las ventanas de las casas y los vecinos, asustados, llamaron a la policía local, que lo detuvo, aunque el compositor se defendía proclamando “¡Soy Beethoven!”.

Sin embargo, el agente no le creyó: “Eres un vagabundo, el verdadero Beethoven no tiene esa cara”. El comisario fue puesto al tanto sobre el asunto mientras se divertía en una taberna: “Arrestamos a alguien que dice ser Beethoven, pero lleva un saco viejo y ni siquiera tiene sombrero”. El policía ordenó que lo metieran en la cárcel hasta la mañana siguiente y se fue a descansar. Pero a medianoche lo despertaron: “El detenido pide que llamemos a su amigo Anton Herzog (músico que vivía en la cercana población de Wiener Neustadt) para que lo identifique”. Como el asunto parecía ponerse serio, el comisario accedió al pedido del detenido. El episodio terminó con Beethoven alojado en la casa de Herzog y, al día siguiente, el comisario mandó, a modo de disculpa, un vehículo de la magistratura para que transportara al compositor a su propia casa.

Tampoco faltaban por entonces las quejas de los ocasionales vecinos de la casa que solía rentar para el veraneo en Baden. La sordera le impedía a Beethoven advertir cuánto podían molestar sus ruidos. Sólo por su ya difundida fama de compositor genial, terminaban perdonándole las “excentricidades”.

Pero en el varano de 1822, cuando intentó volver a rentar la casa número 10 de la Rauthausgasse, el dueño comenzó a remolonear: ya no quería problemas. Pero al final accedió a condición de que Beethoven reinstalase los postigos de las ventanas que habían sido retirados. A sabiendas de que Beethoven tenía la costumbre de hacer anotaciones en las maderas de los postigos, tramó la posibilidad de venderlos luego, como autógrafos, a los admiradores del músico que visitaban el lugar. El posadero había urdido un negocio redondo, que bien podía hacerle llevadero el insólito comportamiento de su huésped.

 

Ficha Personal
  • Ludwig van Beethoven (1770-1827).
  • Nació en Bonn, Alemania. Pero vivió en Viena a partir de 1792.
  • Genial músico y compositor, a pesar de la gradual pérdida de su capacidad auditiva, que terminó por dejarlo completamente sordo.
  • Su inconfundible Novena Sinfonía, la última que compuso, ha resultado ser la más célebre.
  • Aunque nunca contrajo matrimonio, a menudo se enamoraba de distintas mujeres algo inalcanzables. Aún se desconoce quién era la destinataria de una famosa carta que dedicó a su “amada inmortal”.

 

Fuente: Beethoven, por Marion Scott, Salvat Editores, 1995.

Escrito por:Jes Garbarino

Periodista y viajera. Armo la maleta (antes era mochila) cada vez que tengo oportunidad, desde hace más de 20 años.

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