De las montañas al lago. Del vehículo turístico eléctrico al teleférico y luego al barco de vapor. De los maceteros rebosantes de flores a los cisnes de cuento. De los pueblitos tan pequeños como perfectos, a la luminosa Lucerna. Todo, en un solo viaje.

Así el derrotero: voy camino a la ciudad de Lucerna, sin embargo, el plan es dar un pequeño rodeo antes, demorar la llegada, aumentar la expectativa, visitar algún pueblito medieval y abismarse en paisajes que quitan el aliento.

Suiza propone todo el tiempo un perfecto balance entre sus núcleos urbanos y el magnífico despliegue de la naturaleza. De modo que este viaje también tendrá ambas cosas. Además de otras obsesiones suizas: trenes, cuidado del medio ambiente, horas y minutos exactos…

 

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Llego en tren a Schüpfheim. Los suizos aman sus trenes y resulta muy fácil estar de acuerdo con ellos. Pero los voy a abandonar un tiempo para subirme a un vehículo más ecológico aún: el Switchbus, el primer autobús turístico cien por ciento eléctrico del mundo, muy apropiado para recorrer los paisajes que la Unesco protege bajo la categoría de Reserva de la Biosfera de Entlebuch. Al volante va Louis Palmer, quien fue premiado por Naciones Unidas por ser el primer hombre en viajar por el mundo con un auto a energía solar llamado Solartaxi.

Pronto llegamos a la base del teleférico que nos llevará a la cima de la montaña Brienzer Rothorn. Para quienes prefieren una subida diferente al teleférico, también hay un tren que trepa lentamente por la ladera, regalando vistas espectaculares.

Arriba el paisaje es sobrecogedor. La terraza del restaurante cuelga sobre el abismo y el color del lago Brienz que se divisa abajo es irreal. Una corta caminata nos deja en la cima, desde donde la panorámica es de 360 grados y se pueden ver las otras montañas de la vecindad: Eiger, Mönch y Jungfrau. Estamos a fines del verano y alguien nos dice que muy pronto, a más tardar en un par de semanas, todo ese paisaje verde será completamente blanco.

Luego de comer en las alturas y de resistirnos un poco a bajar (ni lo intentes, los suizos no aceptarán de buena manera la “flexibilidad” latina en materia de horarios), volvemos al Switchbus para seguir camino hasta Kneipp Entlebuch, un centro de hidroterapia basado en las enseñanzas de Sebastian Kneipp. Allí abandonamos por un rato los zapatos y nos disponemos a experimentar diversas sensaciones relacionadas con la temperatura del agua y la textura del piso, en un recorrido por un sendero especialmente acondicionado, rodeado de paisajes que complementan la aventura táctil con vistas que agasajan los ojos.

Puntualmente nos volvemos a calzar y seguimos camino en el Switchbus hasta el pueblo medieval de Willisau, donde su calle principal –que corre entre dos grandes arcos, con sus banderas, sus fuentes y sus tiendas–, parece una escenografía impecable para alguna historia de mucho tiempo atrás. Se antoja el lugar ideal para desconectar y relajarse. Pero nos llaman a probar la delicia local: las típicas willisauerringli, unas galletas dulces con forma de anillo y la dureza de un caramelo, que la tradición manda romper con el codo (en salvaguarda de los dientes) y disolver en la boca casi sin masticar. Claro que mi codo no llevó de buena manera su dura misión y, apenada, tuve que esconder las heridas de los amables anfitriones. Consejo: cuando te toque el turno de degustar, mejor busca alguna amortiguación entre la piel y la willisauerringli que, por cierto, sabe muy bien.

 

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Fin del circunloquio

Al fin, llega el momento de la postergada cita con la ciudad de Lucerna, ubicada a orillas del lago de los Cuatro Cantones (Vierwaldstättersee). Lucerna es considerada la urbe más turística de Suiza y cualquier lista de sus atractivos justifica plenamente esta predilección.

Para entrar en tema, me apunto en un city tour que me ponga al tanto de todo lo que uno no debería perderse durante la visita. Ya habrá tiempo luego para extraviarse entre sus calles decoradas con murales de ayer y hoy, de explorar algún museo, de perder las horas cavilando sobre la suerte de los cisnes que nadan despreocupados en el lago y en el río Reuss.

Nuestra guía, Jutta Sandner, nos conduce con paso enérgico por el centro de Lucerna. Empezamos frente al desgarrador monumento del León Moribundo (Löwendenkmal), tallado entre 1819 y 1821 por el escultor danés Bertel Thorvaldsen sobre una pared de roca para conmemorar la muerte de 700 mercenarios de la Guardia Suiza durante la Revolución Francesa.

Seguimos hacia la iglesia de San Leodegar (Hofkirche St. Leodegar), con su estilo renacentista alemán, de afilada silueta, elevada sobre unas empinadas escalinatas y rodeada de un barrio encantador, donde el rojo fue el color preferido a la hora de decorar las casas. Unos pocos metros nos separan del lago, que rodeamos hasta llegar al ícono de la ciudad: el Puente de la Capilla (Kapellbrücke), del siglo XIV, que atraviesa el río Reuss con su sólida estructura de madera, su techo a dos aguas, su colorida jardinera repleta de geranios y su Torre de Agua (Wasserturm). Se trata de uno de los lugares más fotografiados del país y todos en el grupo nos dedicamos copiosamente a darle razón a la estadística.

El paseo por la ribera del río nos lleva a descubrir el Antiguo Ayuntamiento (Altes Rathaus) y su torre con reloj, para luego internarnos en las calles de la parte histórica de la ciudad, cuyas paredes están decoradas con antiguos murales.

El recorrido termina junto al segundo puente que atraviesa el río Reuss: el Puente de los Molinos (Spreuer), que en los triángulos que se forman bajo su techo a dos aguas exhibe cuadros que representan “La danza de la muerte”, para recordarles a los transeúntes la importancia de disfrutar la vida. En la colina, justo por arriba del puente, se levanta el castillo Gutsch, que visitaré luego, para obtener las mejores vistas elevadas de la ciudad.

 

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El barco y el museo

Para entonces ya prácticamente es mediodía y, si la idea es probar algo diferente, una buena opción será disfrutar la comida a bordo de uno de los cinco barcos de vapor que navegan por el lago de los Cuatro Cantones. Tres tiempos y dos horas de navegación –para explorar el lago de punta a punta y ver la ciudad desde otra perspectiva–, son la combinación perfecta en un día de sol sin prisas, con los Alpes de fondo. De modo que me embarco en el pintoresco Unterwalden.

El resto de la tarde decido pasarla en un museo que casi no figura en las guías de la ciudad pero que vale mucho la pena si disfrutas del arte moderno: el Sammlung Rosengart Museum. Tengo suerte: Angela Rosengart, hija del coleccionista y fundador del museo Siegfried Rosengart, será nuestra anfitriona y nos acompañará en el recorrido. Angela fue amiga de Pablo Picasso, quien pintó en 1964 cinco retratos con sus bellísimos y enormes ojos como protagonistas. Los retratos se exhiben en el museo, lo mismo que una buena selección de 32 cuadros de gran formato pertenecientes a los últimos años del genial pintor, unos 100 dibujos, acuarelas, esculturas y fotografías que lo muestran en sus facetas de artista y ser humano. Otro de los artistas muy bien representados en el museo es Paul Klee, con 125 acuarelas, dibujos y pinturas de sus diferentes períodos creativos.

¿Qué sigue? Pienso que debería visitar el Museo Suizo del Transporte, ese sí muy mencionado en todas las guías de viaje… Para luego permitirme, por fin, extraviarme en las calles escrutando con la cabeza en alto los murales que decoran los edificios, perder las horas como niña frente a los cisnes que nadan despreocupados en el lago y en el río, y buscar una excusa para treparme puntualmente a un tren para irme a explorar la próxima ciudad suiza.

Actividades

Switchbus: switzerland-explorer.ch

Kneipp Entlebuch: kneipperlebnis.ch

City tour por Lucerna: Jutta Sandner (en inglés). T. (+41) 76 585 9077.

Barco de vapor: lakelucerne.ch

Museum Sammlung Rosengart Lucerne: Pilatusstrasse 10, Lucerna. rosengart.ch

 

Publicado en Nat Geo Traveler Latinoamérica, edición 86.

Posted by:Jes Garbarino

Periodista y viajera. Armo la maleta (antes era mochila) cada vez que tengo oportunidad, desde hace más de 20 años.

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