Una de sus pasiones, aseguró la actriz mexicana María Félix en sus memorias, fueron los viajes a países exóticos. Así, a principios de los setenta, se embarcó en un crucero de dos meses entre Singapur e Indonesia. El lujoso navío también incluía en su recorrido, entre otros destinos orientales, Hong Kong, Filipinas, Seúl y Yakarta.

Casi sobre el final de la travesía, el crucero contemplaba la visita a una gruta de Indonesia famosa por su población de murciélagos. María Félix asegura que la cueva estaba ubicada en la “isla de Burubudú”, aunque el dato no suena muy exacto y es más probable que la diva confundiera las ruinas del templo budista más grande del mundo, Borobudur, en la isla de Java –que seguramente debió visitar–, con el punto exacto de su aventura espeleológica. Sin embargo, el dato carece de importancia si se va a dar crédito al relato que hace la mismísima protagonista del incidente sobre la “situación espeluznante” que le tocó vivir.

María Félix, de viaje.
María Félix, de viaje.

María Félix, según cuenta, se internó en la gruta con el resto del contingente de pasajeros. Pero en un momento decidió apartarse del guía para conocer el lugar por su cuenta. De modo que pronto pagaría con un buen susto sus ansias de singularidad e independencia. Un traspié en la oscuridad, un resbalón y la bella mexicana fue a parar al fondo de una zanja. El lodo la cubrió hasta el cuello y quedó en tal posición que ni siquiera podía liberar las manos para asirse del borde y salir del hoyo.

Por uno de esos caprichos del eco, los gritos de auxilio de la diva no lograron traspasar los límites del rincón de la caverna en que se encontraba. Sin embargo, ella oía entrecortada la voz del guía que seguía con sus explicaciones para el resto del grupo.

Al cabo de un rato, la voz y el tumulto de sus compañeros turistas se acalló por completo. Los murciélagos, confiados por el regreso a la calma, comenzaron a revolotear por las cámaras de la cueva, dueños y señores de su hábitat. María, sintió entonces cómo chillaban y “con sus alas húmedas y asquerosas” rozaban su cabello, ojos, boca… “Lancé un alarido y creí que había llegado mi fin”, confesó luego.

Los compañeros de travesía, si bien pudieron notar la ausencia de la famosa actriz en el autobús de regreso, creyeron que, como en otras oportunidades durante el mismo viaje, ella había preferido regresar en una limusina, pues le chocaba moverse “en rebaño”.

Con todo y su mala pata, María corrió con suerte: la gruta no estaba totalmente desierta, como pensaba. Allí vivía un ermitaño algo loco que escuchó sus gritos desesperados y fue a socorrerla. A cambio de una generosa propina que la actriz le daría al llegar al barco, el hombre accedió a sacarla del fango y guiarla hasta su destino.

De camino, ya a salvo de los murciélagos, la actriz pudo sorprenderse con la historia que aquel hombre le contó sobre su vida en la cueva. Los administradores de la gruta lo dejaban permanecer en ella a condición de que se escondiera cuando llegaban los turistas de visita. Sin embargo, el ermitaño aseguraba ser dueño del lugar por derecho de antigüedad, consideraba que los murciélagos eran ángeles y la caverna un paraíso donde reinaba sin depender de nadie.

Ficha Personal
  • María de los Ángeles Félix Güereña (1914-2002).
  • Nació en Álamos, Sonora, donde pasó su infancia. Luego se trasladó con su familia a Guadalajara. También vivió en la Ciudad de México, París y Cuernavaca.
  • Actriz. Por su belleza se convirtió en la diva más famosa del cine mexicano, alcanzando la categoría de mito, incluso fuera del país. Así, fue musa de reconocidos poetas y pintores, entre ellos uno de los cuatro maridos que tuvo, Agustín Lara, quien le dedicó su famosa canción “María Bonita”.
  • Consiguió papeles protagónicos en 47 películas, que se filmaron tanto en México como en España, Francia e Italia. Entre sus cintas más exitosas se encuentran El peñón de las ánimas, Doña Bárbara (que le valió el mote de “La Doña”), Mesalina, French Can Can (dirigida por Jean Renoir), Doña Diabla, Los ambiciosos (de Luis Buñuel) y La Generala.

Fuente: María Félix, Todas mis guerras, de María Félix, Editorial Clío, 2002.

Escrito por:Jes Garbarino

Periodista y viajera. Armo la maleta (antes era mochila) cada vez que tengo oportunidad, desde hace más de 20 años.

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