Un grupo de judíos se acercó a Albert Einstein, a principios de 1921, para invitarlo a acompañar al profesor Chaim Weisman, distinguido químico británico y líder del movimiento sionista, en una gira por los Estados Unidos con el fin de recaudar fondos para crear en Palestina una Universidad Hebrea.

El genial físico titubeó un poco al principio, ya que no lo convencía la idea de andar pidiendo dinero a la gente. Pero, por otra parte, había recibido decenas de cartas y visitas de estudiantes judíos en Rusia, Polonia, Rumania y Alemania, quienes se quejaban amargamente de las trabas que ponía el racismo a sus intenciones de acceder a los niveles superiores de educación. De modo que se propuso ayudar y aceptó la propuesta. Así, en marzo de ese año se embarcó en Holanda, con su esposa Elsa, en el navío Rotterdam.

Albert Einstein en Nueva York, 1921.
Albert Einstein en Nueva York, 1921.

Días después, cuando el barco se acercó al bullicioso puerto de Nueva York, los matrimonios Einstein y Weisman observaron sorprendidos, detrás del muelle, a una enorme multitud que agitaba banderas blancas y azules, con la estrella de David, y a la policía con dificultades para poner orden ante tanto entusiasmo, mientras varias lanchas rápidas se lanzaban al abordaje del Rotterdam.

Einstein se había convertido en una leyenda en los Estados Unidos y no escaparía fácilmente del acoso mediático. Pronto Albert y Elsa, entre atónitos y asustados, se vieron cercados por reporteros y fotógrafos que disparaban preguntas y flashes, todos a un tiempo. Los periodistas, al ver que el científico apenas murmuraba su desconcierto en alemán, lo condujeron al camarote del capitán para pedirle que les trajera un traductor. Allí tuvo que contestar las consabidas preguntas sobre la situación mundial, la ley seca y las mujeres norteamericanas, además de acceder a la difícil tarea de resumir en una frase su complicadísima Teoría de la Relatividad, que prácticamente nadie comprendía. Hasta que, por fin, Weisman logró rescatarlo y llevarlo a otro camarote.

Pero, a todo esto, el viernes anocheció y, por el Shabat judío, se vieron obligados a permanecer en el barco hasta el sábado siguiente por la noche. Cuando pudieron desembarcar, la lancha del alcalde de la ciudad los llevó hasta Manhattan, donde una muchedumbre escoltó el largo auto negro en que se desplazaban hasta el Commodore Hotel.

Einstein, casi en estado de shock, permanecía arrebujado en su raído abrigo, aturdido por la bulla, sobresaltado por la lluvia de confeti y temiendo ser arrastrado de un jalón fuera del auto. Apenas a medianoche, los dos matrimonios de viajeros llegaron a destino para un merecido descanso.

A la mañana siguiente, el célebre físico se sorprendió al ver su nombre repetido en todos los periódicos y, como sabía leer inglés aunque no lo hablaba, descubrió las insólitas explicaciones que podían dar los reporteros norteamericanos sobre su descubrimiento.

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Poco más tarde, una distraída Elsa daba parte de la desaparición de su marido. Lo había dejado en el cuarto leyendo la prensa y al regresar ya no lo encontró. Buscó en el hotel y hasta salió a la calle sin éxito. Con la ayuda de una más nutrida comitiva de rastreadores, finalmente apareció Einstein en la azotea, reclinado sobre un conducto de ventilación, con la expresión relajada y tocando su violín.

Ficha Personal
  • Albert Einstein (1879-1955).
  • Nació en Ulm, Baviera (Alemania). Vivió en Munich, Milán, Zurich, Berna y Berlín. Por su condición de judío debió refugiarse en los Estados Unidos durante el nazismo. Tomó primero la nacionalidad suiza y más tarde la norteamericana.
  • Prominente físico. Creó, cuando contaba con apenas 26 años de edad, la Teoría General de la Relatividad, que revolucionó el mundo científico. Así se ganó los apelativos de “gran sabio” y “genio” del siglo XX.
  • Recibió el Premio Nobel de Física en 1921 por su Teoría del Efecto Fotoeléctrico, y no por su mayor y más importante descubrimiento de la Relatividad.
  • Durante toda su vida fue un humanista esclarecido, un pacifista consecuente y un violinista amateur.
Escrito por:Jes Garbarino

Periodista y viajera. Armo la maleta (antes era mochila) cada vez que tengo oportunidad, desde hace más de 20 años.

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